Entre tradición, nuevos talentos y una nueva generación de diseñadores, Nueva York abrió el calendario internacional de la moda con una temporada que reinterpreta los códigos de la moda americana.
Nueva York volvió a convertirse en uno de los grandes escenarios de la moda internacional con la presentación de las colecciones Spring/Summer 2027. Del 10 al 15 de septiembre, New York Fashion Week (NYFW) reunió a firmas históricas, diseñadores consagrados y una nueva generación de talentos en distintos escenarios de la ciudad para presentar una temporada que encontró inspiración tanto en los códigos clásicos de la moda americana como en nuevas formas de interpretarlos.
Más que una única tendencia, esta edición dejó ver una conversación entre distintas maneras de entender el estilo americano. La sastrería, el denim, la feminidad y los códigos preppy aparecieron reinterpretados con una actitud más espontánea. Y aunque cada diseñador siguió su propio lenguaje, el color tuvo una presencia especialmente fuerte, desde tonos intensos hasta combinaciones inesperadas, aportando una energía más optimista a las pasarelas.
Entre los grandes nombres, Ralph Lauren volvió a explorar el universo americano que forma parte de su identidad, pero esta vez desde una mirada más libre y personal. En palabras del propio diseñador: “My Spring 2027 Collection, an irreverent take on romance, creates a new elegance. It’s about ways of dressing that celebrate ingenuity, character, and originality—the freedom and fun of creating a style that is truly personal.” La colección propone así una nueva mirada sobre la elegancia, entendida no como un código rígido, sino como una expresión de creatividad, carácter y personalidad. Sastrería, denim y elementos románticos convivieron en una propuesta que celebra la libertad de construir un estilo propio.
Tommy Hilfiger llevó su característico lenguaje preppy hacia una propuesta contemporánea, mientras Carolina Herrera celebró los 45 años de la firma recuperando elementos esenciales de su vocabulario: camisas blancas, lunares, vestidos femeninos y siluetas de gran presencia.
En Tory Burch, la feminidad convivió con elementos utilitarios en una colección atravesada por una sensación de optimismo. Michael Kors, por su parte, exploró una versión más urbana del lujo relajado, incorporando una paleta vibrante de rojo, amarillo, verde y azul junto a los clásicos blanco y negro.
El color y la celebración también estuvieron presentes en Coach, que presentó su colección en el marco de su 85.º aniversario. La propuesta incorporó brillos, accesorios llamativos y una puesta festiva que convirtió la pasarela en una celebración de la individualidad.
En otro registro, Khaite, Altuzarra y Proenza Schouler aportaron distintas interpretaciones de una feminidad contemporánea, mientras la temporada también abrió espacio para nuevos talentos. El calendario oficial incorporó nombres como Grey’s, Benjamin Seidler, Hikari no Yami, Max Esmail y Patrick Taylor. También destacó el regreso de la firma Diane von Furstenberg al calendario oficial, con Henry Zankov debutando como director artístico.
La belleza acompañó esta búsqueda de una elegancia menos rígida. Piel luminosa y de apariencia natural, detalles metálicos y peinados sencillos aparecieron como algunos de los códigos recurrentes de la semana.
El cierre estuvo a cargo de Thom Browne en The Shed, con una puesta inspirada en un jardín y una narrativa de metamorfosis. Fue un final que volvió a recordar que, en Nueva York, la moda puede ser simultáneamente ropa, identidad, espectáculo y lenguaje visual.
Después de una semana marcada por color, nostalgia, nuevas voces y reinterpretaciones de códigos conocidos, Nueva York dejó una primera lectura de Spring/Summer 2027: una moda americana que no abandona su identidad, pero encuentra nuevas maneras de llevarla hacia adelante.


